Los beneficios del aceite de oliva sobre nuestro entrenamiento

Los beneficios del aceite de oliva sobre nuestro entrenamiento

Los beneficios del aceite de oliva sobre nuestro entrenamiento

Photo by congerdesign, Public Domain

El aceite de oliva es un elemento muy querido por el mundo gastronómico gracias a su sabor y a sus propiedades culinarias. Su incidencia va más allá de una cuestión puramente culinaria, ya que la lista de beneficios que puede aportar a nuestra salud es enorme y variada.

Para localizar y contextualizar los orígenes de su consumo humano debemos remontarnos casi dos milenios atrás y viajar hasta el Antiguo Egipto. Esta civilización lo empleaba con fines estéticos relacionados con la presencia de la diosa Isis. Cabe destacar que nuestra cultura actual no bebe directamente de Egipto, sino del Egeo, siendo fuertemente influenciada por Grecia y sobre todo por la Antigua Roma. De ella hemos recibido muchos elementos que forman parte de nuestro día a día, como la lengua, la literatura o los juegos que tanto cautivaban a Calígula. El aceite de oliva no podía ser menos, ya que forma parte de la triada Mediterránea, base de nuestra alimentación, compuesta por el trigo, la vid y el olivo. Occidente recibió el testigo egipcio y siguió consumiendo su producción en masa hasta nuestros días.

Como ya hemos mencionado anteriormente, las propiedades del aceite de oliva son muy altas, y algunas de ellas se pueden relacionar de manera directa con nuestra actividad física. Por ejemplo, si lo ingerimos de forma asidua, podremos regular nuestra presión arterial y equilibrar nuestro pH. El aceite está formado por cantidades importantes de grasas monoinsaturadas y ácidos beneficiosos, estas sustancias nos ayudan a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La presencia de antioxidantes también es notable, situación que nos ayuda a combatir el colesterol y a disminuir los efectos del envejecimiento.

Los beneficios del aceite de oliva

Uno de los otros elementos que hay que describir de manera detallada cuando relacionamos este alimento con la práctica deportiva son los polifenoles. Se trata de un grupo de elementos químicos que se encuentran de manera natural en varias plantas y formas de vida vegetal. Los polifenoles trabajan activamente contra el envejecimiento, gracias a sus propiedades antioxidantes. También muestran actividad antiinflamatoria, ayudando a que nuestros músculos puedan recuperarse y mejorando nuestra capacidad física.

Además, hay que describir la presencia de dos elementos muy potentes: la Vitamina E, un antioxidante potente que nos puede ayudar a prevenir diversas enfermedades cardiovasculares, mejorando también nuestra capacidad visual; y el ácido oleico, un ácido graso monoinsaturado beneficioso para nuestro cuerpo, ya que ayuda a conformar la membrana de las células que forman parte del organismo. De esta manera nos protegemos de las artrosis y otras dolencias crónicas.

El aceite de oliva también es un alimento altamente saciante, situación que limita la ingesta de alimentos si seguimos una dieta hipocalórica, es decir, una dieta baja en calorías para intentar bajar de peso. También es interesante señalar que este alimento no pierde sus capacidades benignas para la salud cuando lo sometemos a altas temperaturas, ya que es un elemento altamente estable ante la cocción. Otro punto que hay que destacar y que aunque pueda resultar banal no lo es: el aceite de oliva mejora el sabor de nuestros platos, este hecho puede ayudarnos a consumir determinadas tipologías de alimento poco agradables al paladar.

Finalmente, y más allá de nuestra salud interior, el aceite de oliva también afecta de manera directa sobre nuestra apariencia estética, ya que, si se consume, podremos ver cómo mejora la salud de la piel gracias a la presencia de grasas monoinsaturadas.

Ha quedado patente la importancia del aceite de oliva en nuestra dieta diaria, gracias a su gran número de propiedades saludables. Independientemente de nuestra carga física o de nuestra edad, siempre es recomendable acompañar nuestros platos de este alimento. A largo y corto plazo, nuestro cuerpo lo agradecerá, invitando a una reflexión simplista pero efectiva: si la ingesta de un alimento se prolonga muchos milenios, algo positivo tendrá. Perpetuemos la tradición.

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